
¡Vaya nochecita! Ya se lo dije ayer a mi admiradora admirada (nunca sabes quién va a leerte; cuando ese invento parecía caldo de cultivo para la endogamia, aparece alguien con más cabeza, vocabulario y misterio que todos nosotros juntos, muchachos): “me he dejado el melocotón a medias; se me está atragantando”. No debí de volver a acabármerlo: noche de retortijones y cagaleras. Me dio tiempo a leerme varias páginas del principio del libro de
Alicia Giménez Bartlett que tengo entre manos, cama arriba y patas abajo… Pero no todo es malo: descomponiéndome y acordándome del puñetero melocotón, el súper, el camionero, el recolector, el terrateniente, la semilla y la Naturaleza misma de entre los que lo pusieron en mi boca, me percato de que el habitual dolor de espalda que me acompaña desde la noche de los tiempos ha desaparecido desde la noche del domingo. Y todo gracias a un masajito (en un principio iba a ser erótico, pero resulta que a la chica se le dada bien descontracturar más arriba) que ahora me permite hasta a agacharme si he de recoger del suelo la dentadura de una dulce ancianita que me pide ayuda para recuperarla, por poner un fantasioso ejemplo.
Total: fiesta a las tres de la madrugada. En los intermedios, me pongo a bajar recopilatorios de
Ike & Tina y
Sonny & Cher; algo de
Animalario, un
mediometraje freak y un clásico de mi adolescencia: “
Running scared”. En las otras mitades que componen mi patética odisea, leo mientras escucho de fondo los lejanos acordes de los conciertos fiesteros y me solidarizo con los que viven cerca de interpeñas y otros recintos similares. Donde los masajes ya he oído a varios maquineros con el “chunda-chunda” a todo trapo parándose en el semáforo (al menos se paran) a las tropecientas de la madrugada. Yo, aún espero mi ración de insolaridad cuando el Rosario de la Aurora versión “radio-edit”. Por cierto, del gallo de los peruanos nunca más se supo: ¿se lo habrán trapiñado?
Como estoy lanzado, acabo este post de vida personal (y van…) con un párrafo sobre dos programas de televisión que me han dejado buen sabor de boca:
“Iconoclasts: Redford on Newman”, que está redifusionando Digital “Pus” y que enfrenta a los dos grandes (y) amigos hablando de sus vidas y sus carreras, no como dos vejetes contando batallitas sino a dos apasionados vitalistas en la (larga, espero) recta final de sus existencias. La otra recomendación es ir a la mula a por el quinto episodio de la cuarta temporada de
“A dos metros bajo tierra”; no las pasaba tan canutas con una historia incómoda desde que vi por vez primera
“Deliverance”. Besitos a todos.
PS: ya ves, Elena, que yo también (ab)uso muchos paréntesis…